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lunes, 31 de enero de 2011

Fitur: el vídeo de la vergüenza

tomado del Blog de Paco Nadal

La semana pasada dediqué algunos post a FITUR, la Feria Internacional de Turismo que se celebra cada mes de enero en Madrid.

No tenía ninguna intención de volver a tratar el tema, pero un lector del blog, Héctor Aleixandre, me ha enviado un vídeo que no tiene desperdicio. Y no tengo más remedio que compartirlo con vosotros, porque ilustra muy bien hasta qué punto los humanos podemos perder la compostura por pillar algo gratis.

FITUR se celebra durante cinco días. Miércoles, jueves y viernes está abierta a profesionales, que tienen también su tela que cortar (ver post de FITUR del año pasado ).

Y sábado y domingo se abre al público en general. En FITUR la mayoría de países y comunidades autónomas españolas tienen (o tenían) la costumbre de dar algo, un detalle, un pequeño regalo, una consumición de un producto típico, para promocionarse como destino. Eso ha generado que además de muchos buenos aficionados a los viajes que van a los pabellones en busca de información para sus próximas vacaciones lleguen también hordas de no sé cómo definirlos cargadas de mochilas, bolsas y sacos dispuestas a arrasar con todo a la pregunta de "¿Y aquí que dais?"

Pero como en este país, cuando algo es gratis la peña pierde la educación (y hasta la dignidad) pues pasa.... lo que pasa en este vídeo.

Echadle un vistazo, de verdad. No tiene desperdicio. Y solo dura 1 minuto y 22 segundos. Dan ganas de renegar del género humano.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Morirse en Galicia

tomado de el blog de Paco Nadal

Morirse en Galicia en diferente a morirse en cualquier otro lugar del mundo.El tratamiento de la muerte en esta tierra de raíces celtas es tan especial que los cementerios son parte del paisaje y del entramado urbano.

Un cementerio gallego que se precie de serlo estará siempre cerca del pueblo, en un lugar a resguardo, donde el finado se sienta a gusto. Donde no haga ni mucho aire ni poco. Donde el vivo pueda ir a menudo a pasear y a recordar a los ausentes. De eso hemos estado hablando hoy en el programa. Tocaba Lugo: tierra de preciosos cementerios neogóticos, como los de Goiriz o San Xoan de Alba (la foto de arriba), en Terra Chá. De cementerios como el de Monoñedo, con sus panteones barrocos, con su solemnidad de ausencias, con sus silencios de granito. En él descansa un genio llamado Álvaro Cunqueiro.

En Galicia puedes falta a una boda, a una comunión o a un cumpleaños. Pero nadie te perdonará si faltas a una misa de “cabo de ano”, a una misa de difuntos. No importa que tengas que hacer 200 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta por carreteras vecinales. A las misas de difuntos se va a dar el pésame, a ver y ser visto, a echar el día; se va a desayunar, a almorzar, a comer y a merendar. Sin lágrimas pero sin fiesta. Es la ocasión de ver a los parientes, de hablar de negocios, de tierras, del tiempo…

En las esquelas gallegas, además de los datos del finado, se da el horario del autocar que la familia del muerto ha contratado para que pase por las aldeas más remotas en busca de familiares y allegados del deudo que quieran asistir al “cabo de ano” (“al cabo de un año”). Así es Galicia, diferente a todo. En Galicia hay preciosos cementerios, como los citados. O como el de Camariñas (el cementerio de los ingleses), como el de A Coruña, como el de San Froilán en Lugo.

Pero dice Manuel Rivas, que estuvo de invitado en el programa, que los dos mejores cementerios de Galicia son el La Habana (Cuba) y el de Chacarita (Buenos Aires). Porque hay más gallegos allí enterrados que vivos en Galicia.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Galicia, curas, vino y rectorales

Tomado del Blog de Paco Nadal, de la Guía de Viajes de El País: El Viajero

Galicia es una realidad aparte. Cada vez que vengo por aquí tengo la sensación de sumergirme en un mundo que ya solo existe en esta esquina de la península. Un microcosmos de tradiciones, de corredoiras, de carballeiras, de santas compañas, de prados mullidos y sillares de granito de O Porriño comidos por el verdín del tiempo y la humedad. Ya lo dijo Torrente Ballester : "Solo quien sea capaz de asombrarse, entre en Compostela". En cualquier lugar de Galicia, añadiría yo (con permiso de don Gonzalo)

Vienes desde León, desde Zamora... donde todo son llanuras ocres, páramos infinitos, pueblos grandes separados unos de otros. Pero de repente, cruzas el Cebreiro o el Padornelo y todo cambia. Aquellos almagres y tostados se convierte en mil tonos de verde. Aquellas planicies son ahora suaves colinas. Ya no hay pueblos grandes: el urbanismo es un sinfín de casas diseminadas, sin principio ni final; nadie sabe dónde acaba una aldea y dónde comienza una parroquia, dónde empieza un concello y dónde acaba un lugar. Galicia es la tierra donde no se ve un palmo de la tierra original. Todo está cultivado, usado, colonizado. Aunque luego camines por las aldeas silenciosas y parezca que sus habitantes han desaparecido.

Ando por Galicia en búsqueda de nuevas casas rurales. Y hasta en esto, Galicia es especial. Existe una categoría de alojamiento rural que son las rectorales , única en España. Las rectorales son las antiguas casas del cura. Que aquí no son humildes residencias adosadas a la iglesia. No. Son verdaderos palacios, casonas de rancio abolengo y espesos muros de granito desde donde el clero rural gestionaba los asuntos divinos y terrenos de este finis terrae. Porque Galicia, la Galicia más atávica y campestre, no se entendería sin la iglesia y sin el poder que tuvo. Para comprobarlo basta ir a Mondoñedo , y leer allí, a la sombra de la catedral, algunas de la obras de Álvaro Cunqueiro .

El vino de Ribeiro , por ejemplo (aprovechando que ando en esta comarcad de Orense donde crece la uva treixadura y la godello, bañadas por el Miño y el Sil), es cosa de curas y monjes. Fueron ellos los que plantaron las primeras viñas en el monasterio de San Clodio, en Leiro, y fueron ellos los que monopolizaron el cultivo y comercialización del vino gallego durante el medievo y buena parte de la era moderna. En Galicia, la iglesia era mucha iglesia. Y aún se nota.

He visitado rectorales que fueron verdaderas haciendas productivas. El olvido, la falta de vocaciones y Mendizabal acabaron con casi todas ellas. Hoy muchas se han reconvertido en fantásticas casas rurales. Una vida nueva para viejas mansiones diocesanas. Y una oportunidad para el viajero moderno de ver Galicia desde dentro de su propia historia.


Algunas rectorales y viejas bodegas de la iglesia reconvertidas en casas rurales que me han gustado son:

La rectoral de Candas

La rectoral de Lestedo

La rectoral de Castillón

Casal de Armán